Manifiesto de Más Planeta — La Rioja

1.- Prioridad máxima: transición ecológica frente a la crisis climática.

Existe consenso científico sobre la grave huella ecológica que la actividad humana genera. Llevamos décadas sobrepasando los límites que mantienen el equilibrio natural del planeta.

De entre las distintas crisis ecológicas, la principal es la climática. La civilización humana se ha desarrollado desde hace 11 000 años en un entorno de clima estable. Esta era, el Holoceno, permitió desarrollar la agricultura, establecer poblaciones y evolucionar. Pero la actividad humana desarrollada en estos últimos siglos ha forzado el ingreso en una nueva era, el Antropoceno —aunque no hay consenso científico para esta designación—, en la que somos la principal fuente de cambios disruptivos en el planeta. Cada partícula de CO2 se acumula en la atmósfera durante un siglo. Los estudios indican que el planeta es capaz de absorber al año entre 11 000 y 12 000 millones de toneladas, pero dicha capacidad de absorción fue superada ampliamente en la década de los años 60 del pasado siglo.

Cuanto más tardemos en volver a la sostenibilidad de emisiones de gases de efecto invernadero, más tarde y peor saldrá la humanidad de esta descomunal crisis. Ningún Homo sapiens hasta ahora ha experimentado semejante concentración de CO2, estamos moviéndonos en un escenario nuevo como especie.

A este equilibrio roto se le suman otros con distintos niveles de riesgo, claramente interconectados entre sí, por ejemplo:

  • La pérdida de biodiversidad y los cambios del uso del suelo impulsados por la ganadería y agricultura, lo que implica deforestación y pérdida de ecosistemas.
  • El uso excesivo de fósforo y nitrógeno para abono de agricultura, lo que provoca la rotura de los equilibrios en los ecosistemas marinos.
  • La sobreexplotación y contaminación de la escasa agua dulce del planeta (un 2,5 %).
  • La acidificación de los océanos, provocada por el calentamiento global y el exceso de CO2.
  • El desconocimiento actual de las consecuencias, tanto del impacto de la contaminación química como de las «nuevas entidades» artificiales (microplásticos, elementos radioactivos, etc.).

La actual situación geopolítica mundial, que trata de asentar el predominio de las naciones más fuertes con ataques y bombardeos en distintos países, acelera la urgente necesidad de una transición ecológica hacia las energías limpias. Las energías renovables son una necesidad económica y de seguridad frente a la acción militarista que busca apoderarse de los combustibles fósiles de otras naciones.

Depender de los combustibles fósiles no solo es una cuestión que demanda el cambio climático, sino que busca proteger el derecho de las futuras generaciones a un planeta habitable en el que predomine la paz y la justicia entre los pueblos. Solo la reducción del ozono estratosférico es el único riesgo al que el ser humano ha sido capaz de hacer frente prohibiendo los clorofluorocarbonos (CFC): un ejemplo de acción global que ha permitido que el ozono estratosférico se recupere.

Por todo ello, una de las principales vías de acción y reflexión de esta asociación será fomentar e influir para conseguir unas políticas de mayorías ecológicamente ambiciosas para alcanzar una transición ecológica justa y equitativa.

2.- Cuestión de metodología: generar esperanza; no confundir corto plazo con horizontes a alargo plazo.

Los datos indican un aumento claro en la sensibilidad social en España sobre la crisis ecológica. Sin embargo, la transformación de esa inquietud creciente en políticas claramente más sostenibles —o en el asentamiento de corrientes nítidamente ubicadas en el ecologismo político— resulta sumamente compleja. Detectamos, y rechazamos, un preocupante populismo antiecologista, reaccionario ante las necesarias demandas de transformación ecológica y ante la enorme inversión pública que implica esta revolución verde pendiente.

En paralelo, observamos cómo la acumulación de datos y noticias negativas sobre las crisis ecológicas (muchas veces contrarias a la ciencia) suponen un terreno abonado para la generación de ecoansiedad, pesimismo, catastrofismo y frustración social. Dichos fenómenos pueden llegar a desembocar, en algunos casos y discursos, en el resentimiento social de los sectores más sensibilizados. Comprendemos la fundamentación de estos últimos discursos, pero apostamos por otras metodologías para trabajar las subjetividades sociales: nos centramos en la educación ecosocial y en la construcción de un nuevo sentido común de ciudadanía sensibilizada en la materia.

Creemos que, aunque las evidencias científicas son muy claras y ciertamente negativas, la acción social tiene la potencialidad de mejorar o aminorar el empeoramiento de las situaciones presentes y futuras. Creemos firmemente que no nos podemos permitir caer en discursos de «No hay futuro», una especie de remember del movimiento punk de los años 80. Una cosa es dirigirse a los sectores más activistas y otra muy distinta es interpelar a amplias mayorías; abonar excesivamente el catastrofismo puede generar el efecto contrario: desmovilizar y ahuyentar.

Apostamos por establecer objetivos políticos y sociales realistas, a la vez que ambiciosos, en materia de transformación ecológica y transición energética. Dichos objetivos deben ser optimistas y motivadores, permitiendo desarrollar marcos de políticas con visos de prosperar realmente y tener consciencia de las grandes alianzas sociales y económicas necesarias para acometer la tarea.

Hace falta generar esperanza de que la acción sociopolítica es útil. Para ello, será necesaria una ciudadanía activa que empuje a las administraciones públicas para que tengan un carácter más emprendedor y proactivo. Pero también se requerirá un sector privado —tanto de economía social y PYME como de gran empresa— orientado a transformar el sistema económico actual hacia algo lo más sostenible posible.

En otro plano reflexivo, creemos que, para afrontar la emergencia climática actual, es necesario diferenciar entre las acciones urgentes del corto plazo y los horizontes de transformación a largo plazo.

A corto plazo, urge reducir significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero. Ello implica transitar desde un modelo de capitalismo fosilista hacia una economía lo más sostenible posible basada en dos claves:

  • Primera, fomentar prioritariamente el ahorro energético. El exacerbado ritmo de consumo de las sociedades industrializadas no es universalizable; si este modelo se extendiera al resto del planeta, el agotamiento de los límites biofísicos dictaría que, sencillamente, no hay salida. Por ello, es imperativo reducir nuestra huella para garantizar la equidad global y transformar radicalmente la cultura del transporte, que es el principal foco de emisiones.
  • Segunda, avanzar hacia la electrificación total de nuestras sociedades; una electrificación alimentada por energías no fósiles, lo que implica necesariamente implementar y acelerar la generación de fuentes renovables. El reto es agilizar este proceso estableciendo salvaguardias que incluyan la escucha activa de los territorios, atendiendo al impacto medioambiental en la fauna y el paisaje, y evitando la saturación desigual de las zonas rurales.

A largo plazo, tenemos el reto de establecer alternativas radicalmente más sostenibles que los sistemas económicos que han imperado en los dos últimos siglos. Sin embargo, en el debate sobre cómo afrontar de la mejor manera la crisis ecológica actual, no podemos esperar a que estructuras tan arraigadas cambien de forma repentina. Por ello, aunque apoyamos claramente la búsqueda de un nuevo horizonte planetario postcapitalista que nos permita reinventar una vida colectiva más sostenible y más justa, asumimos el compromiso de gestionar el «mientras tanto». Esto implica abrirnos a la realidad existente y tejer alianzas con todos los actores —incluidas aquellas empresas decididas a ser aliadas en esta transición— para construir hoy mismo las soluciones que el futuro necesita.

3.- Democracia, participación social y pluralismo político.

Nuestros postulados nacen desde una propuesta en la que el único radicalismo posible es el democrático. Sin embargo, le queremos dar importancia al estilo en la defensa de la democracia. Deseamos desarrollar un nuevo concepto socio-político, el de Democracia Sostenible. En él, no solo se contemplan los aspectos sociales para corregir el modelo económico imperante, buscando que sea lo más humano posible, sino que buscamos incorporar la variable ambiental, que conecta con cuatro dimensiones más para dar voz y tener en cuenta los derechos de diferentes colectivos y realidades. Estas dimensiones son:

  • Dimensión interpersonal. Teniendo en cuenta la realidad y los derechos de cada persona, desde la defensa y el compromiso de y con los derechos humanos y con una vida saludable y respetuosa con el lugar en el que vivimos.
  • Dimensión interterritorial. Teniendo en cuenta que la defensa de nuestros derechos no puede obviar las realidades de otras zonas y otros territorios, teniendo en cuenta los derechos de las personas que allí viven y a que puedan seguir viviendo en ellos de forma digna y sostenible. También defendiendo los valores del propio territorio a través de la conservación y el cuidado de la calidad ambiental de esos lugares.
  • Dimensión Intergeneracional. Defendiendo y teniendo en cuenta los derechos de personas que en la actualidad no tienen voz por no estar presentes, bien por no haber nacido o porque nos han dejado. Apostamos por conservar y hacer sostenibles aquellas prácticas y derechos que tanto les costó conseguir a nuestros antepasados y que nos han hecho una sociedad mejor, pero que aseguren que las generaciones venideras puedan disfrutarlas de forma sostenible.
  • Dimensión Interespecífica. Defendiendo los derechos de otras formas de vida y de sistemas que son necesarias para la correcta salud del planeta y que por su propia naturaleza no pueden defenderlos activamente dentro de nuestras dinámicas democráticas.

Apostamos por un modelo de funcionamiento democrático moderno, un modelo de participación ciudadana plural y a su vez operativa, que sepa integrar el conocimiento científico y tecnológico para hacerla más efectiva, que esté comprometida con valores de mejora del bien común y del planeta y que permita la participación de las cuatro dimensiones antes aludidas.

4.- Frente a la desigualdad, justicia social.

La crisis climática no conoce fronteras, afecta a todo el planeta por igual, pero ciertamente la capacidad de los países para adaptarse a los cambios disruptivos que vendrán, es desigual. Por ello la transformación ecológica tiene que ir de la mano de conceptos de justicia climática y justicia social. Ayudar a que las poblaciones más vulnerables puedan transitar esa transformación. 

Desde esta asociación mostramos nuestro interés en las políticas públicas tendentes a reducir las desigualdades sociales, la protección de los sectores más vulnerables de la sociedad. Creemos en la efectividad de las políticas redistributivas y de lucha contra la pobreza. Mostramos nuestra preocupación por la necesidad de reforzar las políticas públicas de salud, en su triple dimensión (física, social y mental). 

Otras miradas en pro de la igualdad nos llevan a seguir apostando por las políticas tendentes a garantizar la igualdad entre hombres y mujeres y entre personas ante su distinta orientación sexual o sexo sentido. El feminismo y el ecologismo seguirán siendo ejes de transformación en todas las sociedades del planeta en este siglo XXI. 

En el plano de servicios públicos que conforman los pilares del Estado de Bienestar que podemos disfrutar en esta parte de Europa, apostamos por dignificar las políticas sanitarias, especialmente en el plano de salud mental. 

Así mismo, apostamos por reducir la desigualdad territorial que se produce entre las zonas urbanas y los entornos rurales, los cuales son los que soportan el cuidado del territorio y adolecen de la cercanía a los servicios de los que disponen las localidades de mayor tamaño y peso poblacional. Es fundamental tener en cuenta y poner en valor los servicios ambientales que estas localidades soportan, y en muchas ocasiones mantienen, para que los perciban como un activo y una alternativa de vida en lugar de una limitación que les impide tener estándares de calidad de vida como los que se dan en zonas urbanas.

5.- Redignificación del concepto de sostenibilidad como valor universal.

Consideramos fundamental recuperar y redignificar el concepto de sostenibilidad como un principio que ya está implantado socialmente y que ha sido integrado como un valor fundamental en el discurso político y social. La perversión de este concepto por parte de las élites económicas, por parte de sectores neoliberales o por meras técnicas de marketing basadas en el greenwashing, no hace que sea un concepto despreciable. Los movimientos ecosociales tenemos la responsabilidad de ser garantes de que el mismo sea empleado de forma adecuada y que no se pervierta. 

La sostenibilidad como valor universal, al igual que otros como la justicia o la igualdad, es un principio al que tender. No hay sociedades totalmente igualitarias ni justas, las hay más justas o más igualitarias. Del mismo modo que se puede hablar de modelos de sociedades y acciones que sean más sostenibles o menos, queremos apostar por tender a aquellas que permitan afrontar con garantías un futuro en el que sea compatible el desarrollo humano y la salud del planeta. Apostamos por la sostenibilidad como un valor en el que evolucionar y en el que profundizar para pasar a unos niveles de sostenibilidad cada vez más fuertes. 

En este sentido es clave la reflexión sobre el modelo de una de los pilares de este concepto: la economía. Esta es un factor fundamental y no podemos huir de ella porque en la actualidad esté contaminada por el neoliberalismo capitalista. Esta variable es clave en todo modelo humano. No hay que olvidar que el propio concepto «economía» deriva de las palabras griegas ekos gnomos, la gestión de la casa (siendo el planeta la casa de la vida). Esta gestión es fundamental para que los futuros modelos planetarios de participación de la especie humana dentro de la biosfera sean compatibles con un equilibrio ecológico saludable para todas las especies que habitamos en él.

6.- La Rioja: convivencia en una sociedad diversa.

Nuestra intención es actuar en La Rioja. Somos el 0,67 % de la población española y el 0,07 % de la población de toda la Unión Europea, con un total de 329 522 personas. Una mirada más compleja, fruto del innegable mestizaje de las sociedades contemporáneas actuales nos aporta el dato de que un 19,7 % de la población riojana es oficialmente extranjera (65 111 personas). Señalar además que el riesgo de pobreza o exclusión social en nuestra región en 2025 (Encuesta Condiciones de Vida) era del 22,8 % de la población, unas 75 240 personas.

Esta realidad será una constante, es innegable e inevitable, y lógicamente tiene aspectos claramente positivos: freno a la despoblación y envejecimiento, crecimiento económico, diversidad y riqueza cultural, derechos humanos de movilidad en el planeta, etc. Y aspectos más complejos de gestionar en puntuales casos: mayor inversión en acoger e integrar, situaciones de pobreza severa a gestionar, choques culturales en distintos aspectos (diferente o nula cultura democrática, diferente papel de las religiones en la vida personal, diferentes niveles de asunción en igualdad entre hombres y mujeres, etc.). 

Por todo ello, desde Más Planeta — La Rioja apostamos por fomentar estos valores de sociedad riojana intercultural y mestiza, tratando de aportar nuestro granito de arena para frenar los discursos generadores de odio, xenofobia, racismo, fundamentalismo religioso, fundamentalismo identitario antipluralista y discursos generadores de violencia política.

La Rioja, junio de 2026.

masplaneta.larioja@gmail.com